La Organización Mundial de la Salud dedica este año el Día Mundial de la Salud, el 7 de abril de 2020, a todas las enfermeras y matronas. A la luz de la pandemia de coronavirus, honrar a este grupo profesional adquiere un significado añadido. Hoy en día, lavarse las manos es algo normal. Sin embargo, primero había que concienciar a muchas personas para que se ocuparan de su propia higiene. Ignaz Philipp Semmelweis, médico húngaro, desempeña aquí un papel clave.
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La higiene y el correcto lavado de manos están en boca de todos desde el inicio de la pandemia de coronavirus. Debido al creciente número de infecciones, los profesionales sanitarios aconsejan cada vez más una buena higiene de manos. Al fin y al cabo, basta con tocarse la nariz o la boca para infectarse con el coronavirus. Pero, ¿qué significa una buena higiene de las manos? Las manos deben lavarse varias veces al día con jabón durante un máximo de medio minuto, sin descuidar ninguna zona. Sólo son necesarios unos pocos pasos para un lavado a fondo: Empiece por poner las manos bajo el grifo. A continuación, enjabónese bien todas las zonas de las manos durante al menos 20 o 30 segundos. Después de aclararse las manos, es muy importante secárselas bien. Así los microorganismos no podrán multiplicarse. Hoy en día, nos resulta difícil imaginar que lavarse las manos no sea algo natural. Pero primero había que concienciar a mucha gente para que se ocupara de su propia higiene.
Ignaz Philipp Semmelweis, médico húngaro, es considerado en los círculos médicos como el „padre de la lucha contra las infecciones“ y el „salvador de las madres“. Pero, ¿por qué? A mediados del siglo XIX, muchas clínicas estaban dominadas por la llamada fiebre de cuna. Esta enfermedad mortal afectaba sobre todo a las madres jóvenes. Sin embargo, nadie se planteaba cómo curar la fiebre del lactante ni cómo reducir la tasa de mortalidad. Ignaz Semmelweis, residente de obstetricia en aquella época, se encargó de esta tarea. Sus observaciones demostraron que permitir que obstetras y comadronas diseccionaran cadáveres y trataran inmediatamente a las futuras madres con las manos contaminadas tenía consecuencias peligrosas. Las consecuencias estaban claras: un gran número de personas infectadas.
Sin embargo, en 1847, Ignaz Semmelweis señaló a sus colegas de la clínica de maternidad de un hospital vienés que las manos debían estar siempre desinfectadas para evitar la transmisión de patógenos. Reconoció la relación entre la falta de higiene del personal y el creciente número de infecciones. Sus colegas siguieron su consejo. Se observó una enorme mejora. Sin embargo, esto no fue en absoluto motivo para que sus colegas le expresaran su gratitud; al contrario, los médicos tacharon su tesis de disparate especulativo. No fue hasta décadas después de su muerte cuando la teoría de Semmelweis fue confirmada por la „teoría germinal de la enfermedad“. A él debemos agradecer el inicio de una higiene adecuada en los hospitales. A diferencia de lo que ocurre en los entornos médicos, lavarse bien las manos en la vida cotidiana es suficiente como medida de precaución contra el coronavirus y su propagación.
