Los superbloques proceden de Barcelona y tienen fama de haber revolucionado el urbanismo. Puedes leer todo lo que necesitas saber sobre este enfoque urbanístico aquí.
Superbloques,
Foto: Logan Armstrong vía Unsplash
Lo que hace especiales a los Superbloques
Las supermanzanas también se conocen como superilles, superbarrios, superislas o manzanas de vecinos. Se trata de un concepto de planificación del tráfico urbano diseñado para calmar el tráfico en los barrios residenciales. Cada supermanzana consta de 3×3 manzanas de casas (aprox. 400 metros x 400 metros), separadas entre sí por calles exteriores. No se permite el paso de vehículos por las calles interiores de las manzanas. Así se crea una zona interior que puede rediseñarse y utilizarse de formas alternativas, por ejemplo, para peatones y ciclistas.
El concepto de supermanzanas procede de Barcelona, donde las grandes manzanas han caracterizado el paisaje urbano durante décadas. Este diseño urbano ha atraído ahora la atención de muchas otras ciudades, ya que ofrece un gran potencial. Y es que las calles suelen representar una gran proporción de la superficie total de una ciudad. En las ciudades europeas, ocupan entre el 15% y el 25% del espacio. Al transformarlas en supermanzanas, es posible utilizar las calles para otros fines y hacer así las ciudades más habitables.
Los expertos esperan que las supermanzanas reduzcan la congestión en las zonas residenciales, así como el ruido y los gases de escape. El espacio recién ganado también ofrece valiosas oportunidades para adaptar las ciudades al cambio climático. Por ejemplo, las calles de tráfico calmado y las plazas de aparcamiento eliminadas en las supermanzanas pueden utilizarse para aplicar medidas de reducción del calor.
Superbloques para ciudades más habitables y sostenibles
Un vistazo a Barcelona muestra todo el potencial de las supermanzanas. En el barrio de Gràcia, por ejemplo, los urbanistas llevan promoviendo las supermanzanas desde 1993. Sólo un año después de su implantación, el número de coches dentro de la supermanzana se redujo un 40%. En los bordes de la manzana, había una cuarta parte menos de coches.
Por ello, las supermanzanas se proponen cada vez más como estrategia de transformación de barrios más sostenibles. Pueden implantarse en ciudades de diferentes formas y densidades. Los minibloques formados por bloques de 2×2 también son una opción para empezar.
Un estudio de Sven Eggimann en la revista „Nature Sustainability“ de marzo de 2022 muestra que en algunas ciudades podría considerarse la transformación de más del 40% de la red de calles en supermanzanas o minibloques. El científico de los Laboratorios Federales Suizos de Ensayo e Investigación de Materiales muestra qué ciudades tienen potencial para esta transformación. Porque no todos los trazados son una opción. Según el estudio, Ciudad de México, Madrid y Tokio son especialmente buenas candidatas.
Lo que es seguro es que incluso los minibloques pueden contrarrestar retos climáticos como el aumento de las temperaturas, la contaminación acústica y atmosférica y la disminución de los espacios verdes. „Un factor clave es la planificación urbana. El diseño y uso del espacio de las calles influye en la calidad de vida de los residentes y tiene el potencial de mejorar significativamente el clima urbano“, explica Eggimann.
La idea
El biólogo, psicólogo, ingeniero ambiental y técnico energético español Salvador Rueda desarrolló el concepto de supermanzanas en los años noventa. Barcelona ofrecía muchas posibilidades debido a su red de calles en forma de cuadrícula. En 2014, Rueda definió los siguientes siete principios de diseño para las supermanzanas como parte de la „ciudad como sistema de proporciones“:
- Contexto de la actividad urbana: las actividades en la ciudad no deben perjudicar directa o indirectamente los intereses ecológicos, económicos y sociales.
- Uso del suelo y morfología urbana: las distancias deben tenerse en cuenta en la ordenación del territorio para intensificar la cohesión social.
- Funcionalidad urbana: El espacio público debe ser seguro y contribuir a la movilidad y la calidad de vida.
- Complejidad urbana: La diversidad de instituciones, individuos y actividades aumenta el conocimiento disponible. La proporción ideal entre la fabricación local y el espacio residencial y comercial es de 1:4 a 1:3 en los edificios.
- Verdor urbano y biodiversidad: La sostenibilidad y la biodiversidad de los ecosistemas no pueden desligarse de la ciudad.
- Eficiencia metabólica: Los ciclos urbanos de materiales y energía deben ser lo más eficientes posible sin comprometer el ecosistema.
- Cohesión social: Los grupos sociales coexistentes necesitan tener acceso a la vivienda y a los equipamientos públicos necesarios, que deben estar siempre a menos de 10 minutos a pie.
La Supermanzana de Rueda está reconocida como modelo urbanístico en Barcelona desde 2017.
Ubicaciones de los superbloques
No sólo Barcelona está rediseñando sus barrios, sino que muchas otras ciudades españolas también muestran interés por las medidas de pacificación del tráfico. Incluso en ciudades sin calles cuadriculadas hay mucho potencial. La metodología de Sven Eggimann ayuda a identificar factores como la topología y la densidad de población y reconocer así cuántas calles de una ciudad podrían convertirse en supermanzanas. Las manzanas no deben interrumpir excesivamente el flujo del tráfico.
En Alemania, por ejemplo, la campaña Kiezblock reclama la creación de supermanzanas en Berlín. También hay proyectos centrados en supermanzanas y superbarrios en Leipzig, Hamburgo y Viena, mientras que las zonas de bajo tráfico de Londres, creadas durante la pandemia, siguen un principio similar.
En 2018 ya se crearon cinco supermanzanas en Buenos Aires. Ciudades de Ecuador, Australia, Taiwán y China también están siguiendo la tendencia. Las ecobloques ya forman parte de la normativa urbanística local en más de 100 ciudades chinas. En Japón, el enfoque de las supermanzanas se considera una vuelta a las viejas prácticas culturales, y esto se aplica a todos los países, ya que una mayor cohesión social, más espacio para jugar, zonas verdes y menos coches solían ser comunes en todas las ciudades.
