Las turberas y los paisajes húmedos suelen subestimarse, pero desempeñan un papel crucial en el sistema climático. Sus suelos de turba pueden almacenar enormes cantidades de carbono, pero cuando se drenan liberan grandes cantidades de CO2. Por eso es tan importante comprender y proteger mejor estos ecosistemas únicos.
Los páramos rehumedecidos almacenan CO₂, fomentan la biodiversidad y protegen de las inundaciones, un beneficio para el clima y la naturaleza. Imagen de Psubraty en Pixabay
Según el Atlas de los Páramos 2023 de la Fundación Heinrich Böll, los páramos desecados son responsables de hasta el 4% de las emisiones mundiales. En Europa Central, más del 90% de las turberas están desecadas, y en Alemania más del 80% de las turberas originales se utilizaban para la agricultura. Aquí había 1,8 millones de hectáreas de turberas, pero hoy sólo queda una fracción. Para alcanzar los objetivos climáticos mundiales, habría que rehumedecer 50.000 hectáreas de turberas al año. Sin embargo, actualmente sólo se renaturalizan unas 2.000 hectáreas al año. No obstante, diversas iniciativas trabajan para aumentar esta cifra.
Restaurar los páramos a su estado original
Durante siglos, agricultores de todo el mundo han convertido turberas y humedales en tierras agrícolas bombeando agua para crear campos y pastos. Esto no sólo ha afectado a la flora y fauna locales, sino que también ha contribuido a la liberación de CO2 – anualmente, este drenaje causa más emisiones que toda la industria de la aviación (responsable del 3 al 3,5% de las emisiones).
La rehumidificación de antiguos páramos puede frenar este proceso de liberación de carbono. Hay mucho potencial para ello en Europa, sobre todo en el norte de Alemania, ya que muchas de las antiguas turberas se han convertido en tierras de cultivo.
Los científicos recomiendan detener el drenaje de las turberas y permitir que el nivel de las aguas subterráneas suba hasta unos 10 centímetros por debajo de la superficie de la tierra para volver a humedecerla. Para ello es necesario desbrozar las zonas verdes, construir diques y plantar especies de carrizo y gramíneas autóctonas. Durante las sequías, las bombas ayudan a traer agua de los ríos o canales cercanos. De este modo, los páramos pueden recuperar su estado original.
Cultivo y recolección de plantas palustres
Las turberas no sólo son importantes para fijar el CO2, sino también para la agricultura. Existe una forma especial de cultivo de turberas, conocida como „paludicultura“, que produce musgos de turba, juncias, hierbas y juncos. Son aptos para los mercados de masas, ya que pueden utilizarse como materiales aislantes, papel y cartón o tierra de horticultura producida de forma sostenible.
Cada vez hay más proyectos que muestran cómo puede ser este tipo de cultivo. Por ejemplo, unos agricultores cercanos a Bremen han fundado una start-up para cultivar y comercializar conjuntamente biomasa de turba. Otras empresas se centran en la industria del suelo hortícola o los materiales aislantes.
Proyectos como el programa decenal „PaludiNet“ del Gobierno alemán, lanzado a mediados de 2024, pretenden seguir avanzando en este proceso. En Baviera, existe el programa „PeatFarmers“, en el que se estabilizan los ingresos de los agricultores con subvenciones estatales mientras prueban nuevos enfoques con las turberas.
El tema también se debate cada vez más en Estados Unidos. Además de las turberas elevadas, la atención se centra cada vez más en los humedales alimentados por aguas subterráneas, que deben protegerse y renaturalizarse. La paludicultura también es muy prometedora en los países tropicales. Hasta ahora, el cultivo y la recolección de plantas palustres, que hacen que merezca la pena conservar los humedales, ha progresado más en Europa.
Los incentivos son necesarios
Para llevar a cabo con éxito un proyecto de rehumidificación, las intervenciones deben planificarse cuidadosamente. Esto se debe a que si el nivel de las aguas subterráneas es demasiado alto durante un largo periodo de tiempo, puede formarse el gas de efecto invernadero metano, que a su vez es perjudicial para el clima. Una correcta rehumidificación requiere mucha pericia, un seguimiento minucioso, tiempo y paciencia.
Pero el mayor obstáculo para los proyectos de rehumidificación es la producción agrícola. Al fin y al cabo, si los agricultores ya no pueden cultivar o criar ganado, se enfrentan a una amenaza existencial. Por eso es más lógico encontrar formas de que la agricultura pueda vivir de y con las turberas rehumedecidas.
La paludicultura muestra cómo la agricultura en los páramos puede tener éxito. Sin embargo, muchos interesados potenciales siguen dudando, ya que primero tendrían que invertir en nuevos procesos y maquinaria. Además, no tienen ninguna garantía de que los productos de la biomasa vayan a adquirirse de forma fiable. Por eso es importante crear incentivos en este ámbito.
Renaturalización del 20% de todas las zonas terrestres y acuáticas
La rehumidificación de los páramos ofrece varias ventajas:
- Reducción de las emisiones gracias a la rehumectación
- Productos sustitutivos en lugar de productos fósiles
- Secuestro de carbono en productos duraderos como los muebles
- Fomento de la formación de turba para futuros sumideros de carbono
- Mejora de la biodiversidad y de los hábitats de aves acuáticas y zarapitos
- Protección contra las inundaciones: las turberas elevadas intactas pueden absorber alrededor del 90% del agua de lluvia en caso de precipitaciones intensas.
La Ley de Restauración de la Naturaleza de la UE, en vigor desde agosto de 2024 tras una larga lucha, estipula que un total del 20% de las superficies terrestres y acuáticas de la UE deben restaurarse para 2030. Esto incluye muchos ecosistemas importantes, entre ellos turberas y humedales, cada uno de los cuales recibirá sus propios objetivos.
La renaturalización de las turberas es una tarea difícil pero gratificante. No sólo ayuda a combatir el cambio climático, sino que también ofrece oportunidades para la agricultura y la protección de la biodiversidad. Con proyectos específicos e incentivos, las turberas pueden revitalizarse y recuperarse como valiosos sumideros de carbono y hábitats para muchas especies.
